Prueba de fuego

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fuegos

Muchas veces en nuestra vida, y en particular cuando nos toca dirigir un club nos encontramos con situaciones en las que requerimos la siempre dirección y ayuda de Dios, sin la cual el proyecto pareciera no llegar a buen fin. Ante esos momentos de necesidad Jesús dice: "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que
pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá" (Lucas 11:9, 10). Si un ser humano
está dispuesto a interrumpir su descanso para solucionar un problema de su amigo, ¡cuánto más
nuestro Padre celestial que nos ama concederá las peticiones a quienes se acercan a él con fe y no se desaniman por una aparente demora! El Señor, en su sabiduría, no siempre concede el pedido
inmediatamente. Sabe que es necesario que quien lo ha solicitado investigue su corazón y se
arrepienta de todo pecado y maldad; que vacíe su corazón de vanidad para que él pueda derramar
sus más ricos tesoros en el alma. Nadie debe desanimarse porque sus deseos no se cumplan
inmediatamente. En cambio debe mostrar fe y confianza en la promesa: "Le será dado". Aunque no
podemos estar constantemente sobre nuestras rodillas, podemos en cambio estar en constante
comunión con Dios y presentarle aquellas cosas que consideramos necesarias para nuestro avance.
Quizá tengamos que pasar por un doloroso tiempo de suspenso si consideramos que nuestro caso es extremadamente urgente; pero de esta manera nos educaremos para confiar en Dios como nuestro fiel Creador, y no deleitaremos en la seguridad de las promesas que encontramos en su preciosa Palabra (Review and Herald, 19 de noviembre, 1895).
La guerra contra nosotros mismos es la batalla más grande que jamás hayamos tenido. El rendirse a sí mismo, entregando todo a la voluntad de Dios, requiere una lucha; mas para que el alma sea
renovada en santidad, debe someterse antes a Dios.
Muchos se dan cuenta de su impotencia; desean con ansias aquella vida espiritual que los pondrá en armonía con Dios, y se esfuerzan por conseguirla, pero en vano... Que alcen sus miradas estos
desesperados que están siempre luchando... Mirad al Salvador. Su gracia es capaz de vencer el
pecado. Volved a él vuestro corazón agradecido, tembloroso de incertidumbre. Echad mano de la
esperanza puesta ante vosotros... Su fuerza ayudará vuestra flaqueza; os guiará paso a paso. Poned vuestra mano en la suya, y dejaos guiar por él... Siempre está cerca (La fe por la cual vivo, p. 89).

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Comentarios   

 
0 #1 Smithe780 04-09-2015 23:48
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