Familia protegida y cuidada por Dios

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Sal 121:1 A las montañas levanto mis ojos; ¿de dónde ha de venir mi ayuda?

Sal 121:2 Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra.

Sal 121:3 No permitirá que tu pie resbale; jamás duerme el que te cuida.

Sal 121:4 Jamás duerme ni se adormece el que cuida de Israel.

Sal 121:5 El Señor es quien te cuida, el Señor es tu sombra protectora. [1]

Sal 121:6 De día el sol no te hará daño, ni la luna de noche.

Sal 121:7 El Señor te protegerá; de todo mal protegerá tu vida.

Sal 121:8 El Señor te cuidará en el hogar y en el camino, [2] desde ahora y para siempre.

El canto de David en el Salmo 121 presenta también al Señor como Aquel que nos guarda.

“Ni se dormirá el que te guarda” (Sal 121.3). Muchos niños pequeños sienten miedo en la oscuridad. Si se despiertan cuando todos los demás están durmiendo, pueden sentirse solos y asustados y corren a la cama de sus padres. Nuestro Dios no necesita dormir; Él está siempre alerta y atento a nuestro clamor, aunque nuestros sentimientos nos digan lo contrario.

Jehová es tu guardador . . . El guardará tu alma” (Sal 121.5, 7). Cuando los padres tienen que dejar a sus hijos, escogen a una persona de confianza para que los cuiden, protejan y alimenten. ¡Cuánto más dedicado y capaz es nuestro Padre celestial! Además de preservarnos física y espiritualmente, controla los malos pensamientos, las palabras destructivas y el proceder incorrecto.

Su Espíritu Santo nos advierte contra el mal, y también nos guía para que crezcamos de la manera que le agrada a Dios.

Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre” (Sal 121.8). Dios es soberano. Él está con nosotros siempre —protegiendo, señalando el camino y enseñando. Nos acompaña y guía, aun en las tareas pequeñas que parecen insignificantes.

Cuando nos hacemos adultos, muchos sentimos tristeza y un poco de temor al dejar la seguridad del hogar de nuestros padres, o al tener que al alejarnos por diferentes circunstancias de nuestros afectos, amigos y parientes, o de aquellos que nos cuidan. Pero nunca nos separamos del amor y el cuidado precioso de nuestro Padre celestial. Dios es nuestro guardador, y Él cuida de nosotros mejor que cualquier madre o padre en este mundo.

La biblia de las américas traduce el conocido salmos 91;4: “Te cubrirá con sus plumas, y hallarás refugio bajo sus alas, su fidelidad será escudo y coraza.”

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